La visión docente (I)

Siento comenzar este post defraudando a aquellas personas que hayan entrado aquí creyendo que, como profesor, voy a revelar algún “súper poder” que tenemos, el cual hace que nuestra vista diste de la del resto de humanos, puesto que solo voy a realizar una breve crítica sobre cómo ha ido evolucionando mi visión sobre la enseñanza y la formación docente.

Así pues, el punto de partida desde el cual puede partir este análisis se remonta a los últimos años de mi época en la enseñanza secundaria. En ese contexto, entendía (al igual que entiendo ahora) que la enseñanza era el pilar fundamental sobre el cual se sustenta la evolución, es decir, su base, puesto que sin ella siempre estaríamos en el mismo punto y ella es la que nos permite avanzar.

Este ideal fijado en mi mente ya empezaba a chocar con la realidad cuando apreciaba que algo de tal magnitud no tenía el reconocimiento social correspondiente, es decir, se debería cuidar y valorar más desde todos los estamentos de la sociedad, yendo desde los más “simples”, como puede ser una familia cualquiera, a los más influyentes como pueden ser los vinculados a la política que, están mas cerca de verlo como un juguete para manipular que como un tesoro para crecer.

Esta no sería la primera vez que mis ideales chocarían de forma abrumadora con la realidad, ni la más sorprendente, puesto que cuando llegué a la universidad se puede decir que fue tal el golpe que casi no lo cuento.

Yo, llegaba a la universidad con la idea en la cabeza de encontrarme con la “élite” de los docentes, es decir, gente que solo con su forma de ser y su forma de interactuar con el alumnado ya nos estuviera enseñando, una recopilación de los mejores docentes de los alrededores que, cuando estuvieran en sus respectivas aulas fueran un espectáculo, capaces de cautivar a las 25 personas afortunadas que hubieran tenido la suerte de caer en sus aulas, transportándolos a un lugar muy lejano a lo que tenemos hoy en día en las aulas, cegando al alumnado con entretenimiento cuando lo que realmente están viendo son conocimientos.

Dejando de lado dicha visión un tanto utópica, acudí a la universidad con la intención de poder pescar la mayor cantidad de habilidades, tanto sociales como cognitivas, que me ayudaran a acabar siendo esa clase de maestro. No tardaría mucho en darme cuenta de que eso no es lo que iba a tener en los próximos cuatro años.

Siendo última la culpa de dichas personas, me encontré con docentes que tenían un currículum espectacular, capaces de dejar boquiabierto a cualquiera que lo lea, pero, que no habían pisado un aula de primaria como docentes o, en el mejor de los casos, que sí que habían sido docentes pero que no docentes universitarios por ello, sino por su curriculum.

De todo aquello entendí que la universidad busca como docentes a gente con buenos curículums y no a gente con grandes habilidades para impartir clases de primaria.

Llegado a este punto uno podría pensar que hay muchas cosas en las que mejorar, pero pronto se puede apreciar que hay mucho más. En la época de prácticas, un pensamiento común que sé suele generar es “¡Ostras, pero si no se nada! ¿Qué me han enseñado?” dejando en evidencia que los contenidos impartidos carecen de funcionalidad, es decir, evidenciando que el enfoque que se le debería dar a las clases universitarias tendría que ser más práctico.

Ese pensamiento se acrecenta el primer día en el cual te presentas ante un grupo como su profe. La primera sensación que tuve fue de encontrarme solo ante una grandísima tormenta en mitad de un océano. De todos los pensamientos y situaciones que abordé, la que más me sorprendió fue la escasa preparación que tenía para gestionar un grupo, sobre todo, en lo que a los aspectos sociales se refiere. Ante esta situación, la gran mayoría de docentes nos encontramos “con una mano delante y otra detrás” a expensas de nuestras habilidades sociales innatas, adquiridas en nuestro día a día, lo que a día de hoy me sigue pareciendo una irresponsabilidad muy importante en el sistema de formación de profesorado.

Con toda esta parrafada solo quería realizar una crítica, de forma breve, sobre la formación de los docentes en la educación primaria, mostrando cual era mi idea, muy utópica quizá, sobre la formación y cual es la realidad que me he ido encontrando para considerar que la base proporcionada por la universidad/oposiciones es muy limitada y defender que es ahora cuando realmente estoy aprendiendo a ser profesor.

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