¿Ser o aparentar?

Puede ser que la raíz de esta pregunta radique en el hecho de que queremos llegar a ser lo que aparentamos, pero ante las dificultades que nos encontramos, acabamos conformándonos con aparentarlo, evitando posibles decepciones y disfrutando de las reacciones de terceras personas, tales como pueden ser envidia, recibir alabanzas, despertar el interés…

Esto puede abarcar desde aspectos más irrisorios hasta más significantes. Un ejemplo de algo poco importante puede ser el posar en las fotos con la cabeza medianamente de perfil para disimular el tamaño de las orejas. Pongo este ejemplo, ya que es muy común, en esta sociedad, tratar de ofrecer la mejor cara y disimular, en la mayor medida posible, nuestros “autoconsiderados” defectos.

Focalizando la atención en los que considero más importantes, estos se podrían entender como todos aquellos que van a definir nuestra vida, nuestro estado de ánimo, nuestro día a día. Un ejemplo que puede ser muy conocido (y extremo) es el de la serie “La que se avecina” donde, en su época inicial, “Los cuquis” se esforzaban más por mostrar al mundo que estaban bien que por salvar su matrimonio. Así pues, lo importante para ellos era más bien la cara que ofrecían al mundo en lugar de lo que vivían en él.

Como he comentado anteriormente, este caso era un caso muy extremo, aunque no por ello poco común, seguramente hoy en día, mucha gente vive condicionada por tratar de vivir una vida de ensueño, una vida ideal y al ver que no la puede alcanzar, decide tratar de aparentarla en la mayor medida posible. Esto puede ser porque en muchas ocasiones nos subestimamos y creemos que no somos capaces de alcanzar dichas metas o superar dichos objetivos, algo que es bastante comprensible, puesto que vivimos en un mundo donde se nos trata de meter más inseguridades que virtudes. Pero, lo que no es comprensible es no intentarlo puesto que no tendremos otra vida para malgastar esta oportunidad.

Puede ser que tras leer todo esto se pueda pensar que soy muy optimista o muy ingenuo pero sería conveniente preguntarle su opinión acerca de todo esto a nuestro yo del futuro, ese yo que tiene cerca la muerte y que quizá nos diga que dejemos de aparentar y empecemos a vivir.

Con todo esto quiero decir que quizá no llegaremos al “escalón” tan alto que podemos aparentar, o quizá sí, quizá, incluso dejemos ese “escalón” algo ridículo en comparación al “escalón” que somos capaces de llegar y no sabemos, lo que sí está claro, es que cuando dejas de intentar aparentar y empiezas a intentar ser, es cuando empiezas a vivir.

“No hay que crecerse con los elogios ni hundirse con las críticas, al final somos lo que somos, no lo que dicen”.

El rincón de recs

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