Evitando momentos incómodos

Hoy en día vivimos en una sociedad donde gestionar nuestros conflictos y emociones resulta un grave problema. Quizá el problema surja por escasa formación, ya que en ningún momento nos enseñan a abordar estos temas con los cuales, irónicamente, experimentamos a diario.

Aun así, este post no va sobre la necesidad de realizar un cambio de 360 grados e incluir la gestión de conflictos y emocional en las aulas (asunto que ya denuncio en este post), sino que aborda una realidad muy presente en nuestra sociedad como es el evitar afrontar gran cantidad de problemas y vivir mirando para otro lado.

Así pues, estamos ante un tema que puede resultar paradójico, puesto que, en muchas ocasiones evitar dichos conflictos, no hablar las cosas o reprimir los sentimientos, puede desencadenar, a corto o largo plazo, que ese conflicto aumente.

El ejemplo más manifiesto puede aparecer en nuestras vidas bajo la expresión “es la gota que colma el vaso”, cuando realmente, en lugar de explotar y empeorar la situación, deberíamos replantearnos qué hemos hecho para que el “vaso” llegue a estar tan lleno. Seguramente, si cada vez que entra una gota en el “vaso” se hace por limpiarlo, ese “vaso” no se colmará jamás, si dejamos que caigan “gotas”, tarde o temprano se desbordará.

Entendido esto, pasamos a preguntar cuáles son los motivos que nos llevan a no abordar nuestros conflictos y mirar hacia otro lado, sabiendo que en contadas ocasiones los problemas se solucionan solos.

Lo primero que se me pasa por la cabeza, entendiendo que un conflicto siempre involucra directa o indirectamente a dos personas, es que se teme a la posible reacción de la otra persona involucrada. Asimismo, ese miedo puede residir en el desconocimiento, puesto que, aunque se me pueda debatir que sí que conocemos a las personas con las que tenemos la mayoría de conflictos, tales como pueden ser la pareja, familiares o amistades, desconocemos cual es su comportamiento y sus reacciones a la hora de gestionar un conflicto.

Paralelamente a esta situación, tambien se puede dar el caso en el que sí que he tratado de gestionar varios conflctos con esa persona y ya conozco su reacción, la cual temo, motivo por el cual evito resolver el conflicto.

Ante esta situación quizá deberíamos preguntarnos si su reacción será otra cuando quiera o no quiera tenga que abordar dicho conflicto; si me merece la pena evitar a toda costa el conflicto y vivir con las consecuencias, directas o indirectas, que ello tenga en mi vida o, la pregunta más extrema de todas, que estaría relacionada con si quiero tener en mi vida a una persona con la cual no pueda resolver los conflictos que se generan.

Finalmente, la conclusión que destacaría de todo este asunto gira alrededor de dos vertientes. La primera es que los problemas se tienen que abordar, mirando primero qué es lo que yo puedo hacer para favorecer que ese conflicto prospere positivamente y analizando qué fallos he podido tener el pasado para llegar a esta situación. Ya que si nos cegamos en la otra parte involucrada y olvidamos la nuestra, seguramente dicho conflicto no mejorará. La segunda y última estaría en apreciar y valorar los grandes tesoros que tenemos en esta vida, entendiéndolos como aquellas personas qué más afines a nosotros o menos, siempre facilitan y posibilitan la resolución de nuestros conflictos en nuestro día a día, puesto que esas personas son las que hacen de nuestro mundo un lugar mejor.

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