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Twitter, un lugar tan necesario como prescindible

Hoy en día vivimos en una sociedad donde aspectos como la inseguridad, el miedo al qué dirán y los sentimientos e ideales reprimidos confluyen, entre muchos otros, en la gran mayoría de nosotros. La razón por la cual destaco estos reside en el punto de reflexión de esta publicación como es Twitter.

Twitter es una red social en la cual podemos expresarnos mediante tweets, los cuales vienen a ser un breve número de caracteres. Hasta ahí todo bien y seguramente nada nuevo para la mayoría de lectores, el problema quiere surgir del uso que, la mayoría de usuarios dan a dicha aplicación.

Partiendo de la base de que cada uno es libre de hacer lo que quiera con su cuenta de Twitter y yo no vengo aquí a decir lo que tiene que hacer cada uno, sí es cierto que, en muchas ocasiones se predican aspectos de los cuales la persona que esta tuiteando carece. Un ejemplo puede ser cuando alguien expresa su opinión sobre un tweet con el que está en desacuerdo y, por lo tanto, quiere imponer su opinión, que no expresarla, a la otra persona implicada en dicha interacción. Este tipo de situaciones suele desencadenar insultos, faltas de respeto e incluso amenazas por temas que pueden ser tan insignificantes como preferencias de productos, chistes o quién fue el mejor/peor jugador del último partido.

Así pues, volviendo al hilo inicial de tema, Twitter es una aplicación, que bien mirada puede estar sirviendo a una gran cantidad de gente para desinhibirse de esos aspectos que destacaba al principio de la publicación desahogándose de una forma muy sencilla y aparentemente tranquila, puesto que, puedo decir lo que quiera, sin mostrar la cara y sin ver la reacción de la persona a la que va dirigido el tweet, eliminando una gran cantidad de barreras emocionales las cuales desembocan en la parte menos bonita de Twitter que, bajo mi punto de vista, son las constantes faltas de respeto.

¿Qué quiero decir con esto? Muy sencillo, mediante esta aplicación, se puede, siendo breve, tener confrontaciones verbales huyendo de aspectos que hoy en día, en nuestra sociedad, son muy incómodos como puede ser un conflicto verbal, el cual puede ser agresivo y puede degenerar en agresión física (En la calle, si alguien pasa y dice que tu jugador favorito ha sido el peor del partido y que es un inútil, pues seguramente valorarás la opción de contestarle pero no lo harás. Una porque le desconoces, dos porque no sabes cual será su reacción y tres porque no sabes si valdrá la pena. En cambio, si alguien en Twitter dice que tu jugador preferido no ha tenido su mejor día, se le puede contestar libremente y sin temor porque, en el peor de los casos, recibiré un tweet ofensivo hacia mi o hacia dicho jugador) A parte, como ya he dicho anteriormente, también evitamos una gran cantidad de barreras emocionales como expresar sentimientos (yo puedo leer un tweet que me haga llorar y contestar “bah, menuda basura” puesto que puedo controlar el sentimiento que expreso)

Con todo esto, quiero concluir diciendo que Twitter me parece una aplicación excelente, que además de lo expresado en esta publicación, la comunidad twittera tiene una otras muchísimas cantidades de virtudes y defectos que, por supuesto, serán objeto de reflexión en este blog, pero, en este caso, me gustaría destacar que en esta aplicación, se puede ver una de las caras más tristes de la sociedad, donde siempre exigimos y exigiremos respeto hacia nuestra persona, pero, que no dudamos de arremeter con toda nuestra ira ante algún ideal con el que discrepemos, olvidándonos de que detrás de ese tweet/idea habrá otra persona exigiendo lo mismo que nosotros, respeto.

¿Qué idioma hablo en clase?

Este post, al igual que muchos otros, comienza defraudando a toda aquella gente que piensa que he venido a quejarme porque mis explicaciones no son entendidas en el aula.

La intención de este post es reflexionar sobre las políticas lingüísticas que se llevan hoy en día en las aulas, focalizando la atención en la Comunidad Valenciana, aunque considero que mis reflexiones se pueden extrapolar a cualquier comunidad autónoma que tenga una lengua cooficial.

Así pues, partiendo de lo que he visto en mis años de docencia, estos me han dado para trabajar en la Vega Baja, parte fronteriza de la Comunidad Valenciana con Murcia y en la zona norte de la Plana Alta, zona que empieza a ser próxima a Cataluña. Ambos lugares presentan realidades lingüísticas muy diferentes y medidas lingüísticas muy parecidas, aunque por razones muy totalmente opuestas.

En el caso de las zonas castellanoparlantes, consideran que lo oportuno es impartir todas las clases en castellano, ya que el valenciano no aparece por sus realidades ni se le espera.

En las zonas valencianoparlantes, se suele apostar por una enseñanza en valenciano, esta radica en dos bases. No quiero que se pierda el valenciano y tengo miedo a que por la globalización se deje de hablar en valenciano. Esto seguramente también se podría extrapolar a otras lenguas cooficiales.

En mi opinión esto debería ser al revés. ¿Su realidad fuera de las aulas no es que se encuentra con esa lengua? pues trabaja la otra que seguramente sea la que más dificultades le de fuera de la escuela para hablarla. Eso implica que la lengua predominante tenga que estar reducida solo al área de castellano o valenciano? En mi opinión no, pero, las otras lenguas deberían ser las que mayor peso tuvieran dentro del aula.

Pero, ¿realmente es la solución? si yo “obligo” a mi alumnado a dar todos los contenidos en valenciano/castellano ¿traerá como consecuencia que lo hablen fuera de las aulas? Yo creo que no, es necesario algo más. Por mucho que la hable en el colegio, si fuera, me encuentro que en mi casa hablan la lengua predominante, en las tiendas todo esta puesto con la lengua predominante y toda esa sociedad habla en esa lengua predominante, pues seguramente, yo hablaré esa lengua predominante.

Entonces, ¿cómo puedo hacer para combatir todo eso? Bajo mi punto de vista, las escuelas deben enseñar a valorar esa riqueza cultural. Eso conlleva un gran, y complicado, esfuerzo. Por partes, en mi caso, yo ese amor hacia la lengua lo encuentro a raíz de viajar, yendo a lugares donde sí se valora más su lengua propia y en consecuencia, está más presente en la sociedad. Todo ello me hace preguntar que porque en mi tierra, generalmente, eso no se hace.

Esta, es mi experiencia, puede ser más o menos comprensibles, pero lo que a mí me hizo cambiar en cierta media el “chip” fueron vivencias, no palabras.

Así pues, el verdadero y tremendamente difícil, problema viene cuando en la escuela tenemos que enseñar a valorar este idioma. Digo que es tremendamente difícil porque siempre he defendido que la docencia no debe inculcar ideas, sino dar las herramientas para que cada uno siga unos ideales u otros. Por lo tanto, aunque yo diera, de forma objetiva y neutra los contenidos para que una persona razonable pudiera entender que una lengua propia es algo que se debe valorar, seguramente no sería suficiente, ya que ese sentimiento no se adquirirá con teoría, sino con vivencias, de ahí la dificultad.

En el caso de lenguas predominantes como el castellano, esto supone un menor problema, puesto que la lengua, por la globalización no sufre peligro, o al menos en lo que a corto plazo se refiere. En lenguas cooficiales como el valenciano sí, ya que el no saber fomentar que la lengua se reproduzca y se use, acabará desencadenando que esta desaparezca.

Como conclusión, quiero destacar que la intención de este post es visibilizar el hecho de que el problema, bajo mi punto de vista, no reside en que política lingüística se lleva a cabo en un colegio u en otro y cuanto tiempo de la docencia se hace en una lengua o en otra cosa la cual también es importante. El problema realmente está en no ser capaces de hacer ver al alumnado, con sus ojos y sus ideales, la importancia de tener y cuidar una lengua.

“Si en la escuela se habla un idioma y en la calle otro, este se acabará perdiendo. Si en la escuela se enseña a valorar ese idioma, no morirá nunca”

F-E-M-I-N-I-S-M-O

Aprovechando este día, apuesto por expresar mis ideas sobre el tema más polémico en estos últimos años. Así pues, en este post reflexionaré sobre el porqué ese nombre y no otro para representar este ideal, el feminismo en sí mismo y su futuro a corto plazo.

En primer lugar, una de las dudas más frecuentes que me surgía en mis inicios, cuando empece a adentrarme en este mundo, era el porqué ese nombre. Sinceramente, antes de investigar un poco y, sobre todo, antes de que el movimiento cogiera fuerza, pensaba guiado por la lógica, que el feminismo era lo contrario que el machismo.

¿Esto significaba que antes de todo esto no creía en que hombres y mujeres eran iguales? Para nada, pero sí que significaba que si alguien me preguntaba que si era feminista contestaba que no.

Tras la vergüenza de ser consciente de esto, siempre que iba a charlas informativas o debates, preguntaba a las personas más documentadas el porqué de este nombre, que quién o quienes se lo pusieron.

Nadie sabía muy bien que decirme, hasta que un buen día, alguien me dijo “ese nombre se lo pusieron sus enemigos”. Tardaría poco tiempo en darme cuenta que tenía toda la razón del mundo.

Con este nombramiento, el pensamiento general, de poca reflexión, puede inducir que feminismo es lo contrario que machismo. Realmente si piensas un poco más te das cuenta que el símil es erróneo, ya que la relación es macho-hembra y femenino-masculino. De hecho, hembrismo sí que es lo contrario que machismo.

Analizando esto desde otro frente también se puede entender. Si a una persona machista confesa o inconsciente, le hablas del feminismo, como movimiento que quiere acabar con el machismo y luchar por una sociedad en la que todos somos iguales, puede entender que se busca pasar del machismo al hembrismo, guiado por la confusión a la que puede inducir el vocabulario.

Tras esta explicación, se puede entender que el nombre fue acuñado por sus enemigos, dificultando el acceso a su significado real a gente con poco interés o poca información. Pero realmente, esto influye a capas superficiales, quien esté en contra del feminismo y a favor del machismo lo estará llámese el movimiento feminismo, igualismo o como vosotros queráis y esté más o menos informado.

Dicho todo esto, bajo mi punto de vista, lo que menos importa del movimiento feminista es su nombre.

Llegando a la segunda parte del post, ¿qué entiendo quiere el feminismo? Nada del otro mundo, una sociedad en la que el hecho de ser un hombre o una mujer no suponga un condicionante a la hora de ser tratada/o de una forma u otra. La idea de que todos somos iguales y se nos debe tratar igual la veo muy errada. Cada persona es un mundo, con sus características, sus virtudes y sus defectos. Así pues, esto último sí que podrá ser un condicionante a la hora de tratar a una persona a otra, su condición como hombre o mujer no.

Hasta aquí todo perfecto pero veo necesario reflexionar sobre ciertas preguntas un tanto polémicas en relación con el tema laboral.

¿Esto significa que en una sociedad feminista todas las empresas deberían tener hombres y mujeres? Lo normal es que sí. ¿Puede ser que no ocurra? Es posible ¿Ello conlleva a que no se esté siendo feminista? Pues dependerá de la razón, si la empresa lleva una política de meritocracia para contratar al personal y, casualidades de la vida, todas las personas contratadas son mujeres o todas son hombres, pues realmente se estará siendo feminista. Sí dicha empresa solo contrata a hombres o mujeres, siendo el condicionante su género, no estará siendo feminista.

Esto se puede extrapolar a la adquisición de altos cargos, aunque bien es cierto que para una situación de feminismo real, se debería gestionar mejor el asunto de la baja por maternidad.

Por último, respecto al futuro del feminismo, vaticino etapas de frustración que conllevarán prosperidad. Quizá sea una reflexión un poco extraña pero creo que entendible. El feminismo, como ya he explicado anteriormente, quiere inculcar y normalizar en la sociedad una serie de valores relacionados con la igualdad que son muy lógicos y elocuentes. ¿Dónde esta el problema? Estos valores chocan con muchos de los ya inculcados en la sociedad, valores que se han ido inculcando a lo largo de siglos. Cambiar una idea inculcada en una persona es algo muy difícil, si algo caracteriza a esta generación quizá sea el ser un poco cabezona y replantearse poco las cosas. Así pues, si es difícil cambiar una idea a una persona, imaginad varias ideas y no a una persona, sino a una sociedad.

Puedo entender que el movimiento busque y exija los cambios con la mayor brevedad posible, defiendo y coincido con todos los actos que buscan impulsar la igualdad de género, pese a ello, debemos ser conscientes de que cambiar los ideales en una sociedad será muy difícil. Ahora mismo firmaría que el 50% de mi generación muriera siendo feminista y así sucesivamente generación tras generación. Aun así tardaríamos muchas generaciones en ver una sociedad totalmente feminista.

De ahí mi reflexión de que vendrán épocas de frustración y prosperidad, frustración porque quedan muchas generaciones que sufrirán hechos machista, pero prosperidad porque veo una comunidad que se va concienciando, va cogiendo peso y hace las cosas, generalmente, de forma correcta para asentar unas bases que puedan dar alas a dicho movimiento en el futuro.

Evitando momentos incómodos

Hoy en día vivimos en una sociedad donde gestionar nuestros conflictos y emociones resulta un grave problema. Quizá el problema surja por escasa formación, ya que en ningún momento nos enseñan a abordar estos temas con los cuales, irónicamente, experimentamos a diario.

Aun así, este post no va sobre la necesidad de realizar un cambio de 360 grados e incluir la gestión de conflictos y emocional en las aulas (asunto que ya denuncio en este post), sino que aborda una realidad muy presente en nuestra sociedad como es el evitar afrontar gran cantidad de problemas y vivir mirando para otro lado.

Así pues, estamos ante un tema que puede resultar paradójico, puesto que, en muchas ocasiones evitar dichos conflictos, no hablar las cosas o reprimir los sentimientos, puede desencadenar, a corto o largo plazo, que ese conflicto aumente.

El ejemplo más manifiesto puede aparecer en nuestras vidas bajo la expresión “es la gota que colma el vaso”, cuando realmente, en lugar de explotar y empeorar la situación, deberíamos replantearnos qué hemos hecho para que el “vaso” llegue a estar tan lleno. Seguramente, si cada vez que entra una gota en el “vaso” se hace por limpiarlo, ese “vaso” no se colmará jamás, si dejamos que caigan “gotas”, tarde o temprano se desbordará.

Entendido esto, pasamos a preguntar cuáles son los motivos que nos llevan a no abordar nuestros conflictos y mirar hacia otro lado, sabiendo que en contadas ocasiones los problemas se solucionan solos.

Lo primero que se me pasa por la cabeza, entendiendo que un conflicto siempre involucra directa o indirectamente a dos personas, es que se teme a la posible reacción de la otra persona involucrada. Asimismo, ese miedo puede residir en el desconocimiento, puesto que, aunque se me pueda debatir que sí que conocemos a las personas con las que tenemos la mayoría de conflictos, tales como pueden ser la pareja, familiares o amistades, desconocemos cual es su comportamiento y sus reacciones a la hora de gestionar un conflicto.

Paralelamente a esta situación, tambien se puede dar el caso en el que sí que he tratado de gestionar varios conflctos con esa persona y ya conozco su reacción, la cual temo, motivo por el cual evito resolver el conflicto.

Ante esta situación quizá deberíamos preguntarnos si su reacción será otra cuando quiera o no quiera tenga que abordar dicho conflicto; si me merece la pena evitar a toda costa el conflicto y vivir con las consecuencias, directas o indirectas, que ello tenga en mi vida o, la pregunta más extrema de todas, que estaría relacionada con si quiero tener en mi vida a una persona con la cual no pueda resolver los conflictos que se generan.

Finalmente, la conclusión que destacaría de todo este asunto gira alrededor de dos vertientes. La primera es que los problemas se tienen que abordar, mirando primero qué es lo que yo puedo hacer para favorecer que ese conflicto prospere positivamente y analizando qué fallos he podido tener el pasado para llegar a esta situación. Ya que si nos cegamos en la otra parte involucrada y olvidamos la nuestra, seguramente dicho conflicto no mejorará. La segunda y última estaría en apreciar y valorar los grandes tesoros que tenemos en esta vida, entendiéndolos como aquellas personas qué más afines a nosotros o menos, siempre facilitan y posibilitan la resolución de nuestros conflictos en nuestro día a día, puesto que esas personas son las que hacen de nuestro mundo un lugar mejor.

¿Ser o aparentar?

Puede ser que la raíz de esta pregunta radique en el hecho de que queremos llegar a ser lo que aparentamos, pero ante las dificultades que nos encontramos, acabamos conformándonos con aparentarlo, evitando posibles decepciones y disfrutando de las reacciones de terceras personas, tales como pueden ser envidia, recibir alabanzas, despertar el interés…

Esto puede abarcar desde aspectos más irrisorios hasta más significantes. Un ejemplo de algo poco importante puede ser el posar en las fotos con la cabeza medianamente de perfil para disimular el tamaño de las orejas. Pongo este ejemplo, ya que es muy común, en esta sociedad, tratar de ofrecer la mejor cara y disimular, en la mayor medida posible, nuestros “autoconsiderados” defectos.

Focalizando la atención en los que considero más importantes, estos se podrían entender como todos aquellos que van a definir nuestra vida, nuestro estado de ánimo, nuestro día a día. Un ejemplo que puede ser muy conocido (y extremo) es el de la serie “La que se avecina” donde, en su época inicial, “Los cuquis” se esforzaban más por mostrar al mundo que estaban bien que por salvar su matrimonio. Así pues, lo importante para ellos era más bien la cara que ofrecían al mundo en lugar de lo que vivían en él.

Como he comentado anteriormente, este caso era un caso muy extremo, aunque no por ello poco común, seguramente hoy en día, mucha gente vive condicionada por tratar de vivir una vida de ensueño, una vida ideal y al ver que no la puede alcanzar, decide tratar de aparentarla en la mayor medida posible. Esto puede ser porque en muchas ocasiones nos subestimamos y creemos que no somos capaces de alcanzar dichas metas o superar dichos objetivos, algo que es bastante comprensible, puesto que vivimos en un mundo donde se nos trata de meter más inseguridades que virtudes. Pero, lo que no es comprensible es no intentarlo puesto que no tendremos otra vida para malgastar esta oportunidad.

Puede ser que tras leer todo esto se pueda pensar que soy muy optimista o muy ingenuo pero sería conveniente preguntarle su opinión acerca de todo esto a nuestro yo del futuro, ese yo que tiene cerca la muerte y que quizá nos diga que dejemos de aparentar y empecemos a vivir.

Con todo esto quiero decir que quizá no llegaremos al “escalón” tan alto que podemos aparentar, o quizá sí, quizá, incluso dejemos ese “escalón” algo ridículo en comparación al “escalón” que somos capaces de llegar y no sabemos, lo que sí está claro, es que cuando dejas de intentar aparentar y empiezas a intentar ser, es cuando empiezas a vivir.

“No hay que crecerse con los elogios ni hundirse con las críticas, al final somos lo que somos, no lo que dicen”.

El rincón de recs

La visión docente (I)

Siento comenzar este post defraudando a aquellas personas que hayan entrado aquí creyendo que, como profesor, voy a revelar algún “súper poder” que tenemos, el cual hace que nuestra vista diste de la del resto de humanos, puesto que solo voy a realizar una breve crítica sobre cómo ha ido evolucionando mi visión sobre la enseñanza y la formación docente.

Así pues, el punto de partida desde el cual puede partir este análisis se remonta a los últimos años de mi época en la enseñanza secundaria. En ese contexto, entendía (al igual que entiendo ahora) que la enseñanza era el pilar fundamental sobre el cual se sustenta la evolución, es decir, su base, puesto que sin ella siempre estaríamos en el mismo punto y ella es la que nos permite avanzar.

Este ideal fijado en mi mente ya empezaba a chocar con la realidad cuando apreciaba que algo de tal magnitud no tenía el reconocimiento social correspondiente, es decir, se debería cuidar y valorar más desde todos los estamentos de la sociedad, yendo desde los más “simples”, como puede ser una familia cualquiera, a los más influyentes como pueden ser los vinculados a la política que, están mas cerca de verlo como un juguete para manipular que como un tesoro para crecer.

Esta no sería la primera vez que mis ideales chocarían de forma abrumadora con la realidad, ni la más sorprendente, puesto que cuando llegué a la universidad se puede decir que fue tal el golpe que casi no lo cuento.

Yo, llegaba a la universidad con la idea en la cabeza de encontrarme con la “élite” de los docentes, es decir, gente que solo con su forma de ser y su forma de interactuar con el alumnado ya nos estuviera enseñando, una recopilación de los mejores docentes de los alrededores que, cuando estuvieran en sus respectivas aulas fueran un espectáculo, capaces de cautivar a las 25 personas afortunadas que hubieran tenido la suerte de caer en sus aulas, transportándolos a un lugar muy lejano a lo que tenemos hoy en día en las aulas, cegando al alumnado con entretenimiento cuando lo que realmente están viendo son conocimientos.

Dejando de lado dicha visión un tanto utópica, acudí a la universidad con la intención de poder pescar la mayor cantidad de habilidades, tanto sociales como cognitivas, que me ayudaran a acabar siendo esa clase de maestro. No tardaría mucho en darme cuenta de que eso no es lo que iba a tener en los próximos cuatro años.

Siendo última la culpa de dichas personas, me encontré con docentes que tenían un currículum espectacular, capaces de dejar boquiabierto a cualquiera que lo lea, pero, que no habían pisado un aula de primaria como docentes o, en el mejor de los casos, que sí que habían sido docentes pero que no docentes universitarios por ello, sino por su curriculum.

De todo aquello entendí que la universidad busca como docentes a gente con buenos curículums y no a gente con grandes habilidades para impartir clases de primaria.

Llegado a este punto uno podría pensar que hay muchas cosas en las que mejorar, pero pronto se puede apreciar que hay mucho más. En la época de prácticas, un pensamiento común que sé suele generar es “¡Ostras, pero si no se nada! ¿Qué me han enseñado?” dejando en evidencia que los contenidos impartidos carecen de funcionalidad, es decir, evidenciando que el enfoque que se le debería dar a las clases universitarias tendría que ser más práctico.

Ese pensamiento se acrecenta el primer día en el cual te presentas ante un grupo como su profe. La primera sensación que tuve fue de encontrarme solo ante una grandísima tormenta en mitad de un océano. De todos los pensamientos y situaciones que abordé, la que más me sorprendió fue la escasa preparación que tenía para gestionar un grupo, sobre todo, en lo que a los aspectos sociales se refiere. Ante esta situación, la gran mayoría de docentes nos encontramos “con una mano delante y otra detrás” a expensas de nuestras habilidades sociales innatas, adquiridas en nuestro día a día, lo que a día de hoy me sigue pareciendo una irresponsabilidad muy importante en el sistema de formación de profesorado.

Con toda esta parrafada solo quería realizar una crítica, de forma breve, sobre la formación de los docentes en la educación primaria, mostrando cual era mi idea, muy utópica quizá, sobre la formación y cual es la realidad que me he ido encontrando para considerar que la base proporcionada por la universidad/oposiciones es muy limitada y defender que es ahora cuando realmente estoy aprendiendo a ser profesor.

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